Agricultura y suelo · Instalación y calibración
Helada en la parcela: a qué altura, con qué protector y dónde colocar el sensor para que la alarma llegue a tiempo
La temperatura que decide el daño por helada es la del tejido, y medirla es difícil. Cinco decisiones para medir el aire lo más cerca posible de ella: altura, protector, puntos de la parcela, variable según el método de protección y umbral con alarma.

En una noche despejada y sin viento, la cifra que decide si se pierde la flor no es la de la estación más cercana: es la temperatura de la yema, la flor o el fruto pequeño que se quiere proteger. Medirla es difícil, y la FAO advierte de que probablemente difiere de la del aire. Lo que sí se decide, una vez y antes de la primera helada, es a qué altura, con qué protector y en qué puntos se mide el aire, y qué variable dispara la alarma. Esta guía recorre esas cinco decisiones con lo que dicen la FAO y dos trabajos revisados por pares, y termina con sus límites.
1. A la altura de lo que se protege
La FAO recuerda que los porcentajes de daño suelen basarse en media hora de exposición del tejido por debajo de la temperatura crítica, mientras que la temperatura del aire se mide en una garita estándar a 1,5 m. Perry (1994), citado por la FAO, recomienda colocar los termómetros a la altura más baja en la que se quiere proteger, y la FAO añade que la recomendación general era situarlos más abajo en cultivos bajos y densos y más arriba en cultivos altos y abiertos. La idea, dice el texto, es que la lectura del aire protegido se acerque lo más posible a la temperatura de la planta que se protege.
La altura importa porque en las noches de helada el aire no tiene la misma temperatura arriba que abajo. Antes de instalar ventiladores, la FAO pide comprobar que la inversión térmica entre 2 y 10 m de altura sea de al menos 1,5 °C en la mayoría de las noches de helada. Si quiere saber cuánto cambia la lectura en su parcela, la forma más directa es poner dos sondas a dos alturas durante las primeras noches frías y comparar.
2. Protegido del cielo, pero sabiendo que la planta va por debajo
Al tratar los calefactores, la FAO indica que la temperatura se mida en una garita Stevenson, una garita de helada para frutales o un protector tipo Gill, que impida que el termómetro quede expuesto al cielo despejado. Es la condición para que el dato sea temperatura del aire y se pueda comparar entre puntos y entre noches (lo explicamos en la guía sobre protectores de radiación).
La guía de la FAO avisa de que la temperatura de una hoja, una yema o un fruto pequeño probablemente sea más baja que la de la garita, porque los órganos expuestos pierden calor por radiación de onda larga. Una revisión sobre árboles (Charrier y colaboradores, 2015) recoge que la temperatura del meristemo apical del brote puede desviarse ±4 °C de la del aire. Dos consecuencias prácticas: el dato del protector es una referencia, no la temperatura del tejido, y el umbral de alarma tiene que dejar margen. La FAO recoge también la advertencia de Perry (1994) de que el sensor no debe quedar donde le afecten directamente los métodos de protección, por ejemplo la radiación de los calefactores.
3. En las zonas bajas, y en más de un punto
El aire frío es más denso que el cálido, baja por la pendiente y se acumula en las zonas bajas, que según la FAO tienen noches sistemáticamente más frías cuando el cielo está despejado y el viento es débil. La FAO cuenta entre lo esencial una red de puntos de temperatura repartidos por el cultivo, no uno solo.
¿Basta la estación más cercana? Un estudio con 18 estaciones automáticas instaladas en la copa de frutales de Voivodina, una región llana del norte de Serbia, recogió datos de 2013 a 2018 y los comparó con estaciones climatológicas situadas a menos de 50 km, que miden a 2 m sobre césped dentro de garita (Firanj Sremac y colaboradores, 2021). En el frutal emparejado con la estación de Novi Sad, la mínima fue más baja a lo largo de todo el año que en esa estación y que la del reanálisis. En una plantación de ciruelos, las diferencias de máximas y mínimas con la estación de Vršac fueron de 2,5 °C, y de hasta 5 °C en casos concretos. Los autores concluyen que, en el caso estudiado, el reanálisis no es una fuente fiable sobre la exposición de las plantas a bajas temperaturas, y que la mínima de una estación climatológica cercana y con factores parecidos se puede usar, pero sabiendo que tiene un error posible. También señalan que la cubierta vegetal puede aumentar el riesgo de helada al bajar la mínima. El estudio es de una zona llana; en un terreno con pendiente hay que sumar el drenaje de aire frío del que habla la FAO.
4. Qué temperatura vigilar depende de cómo protege
Si la protección es por aspersión, la variable que manda es la temperatura de bulbo húmedo. La FAO aconseja, a quien no tenga problemas de encharcamiento, falta de agua o coste, arrancar los aspersores cuando la temperatura de bulbo húmedo se acerca a 0 °C o a la temperatura crítica, según el valor del cultivo y la preocupación por las pérdidas. Los aspersores sobre la planta deben estar todos funcionando cuando el bulbo húmedo se acerca a la temperatura crítica, y se pueden parar después de la salida del sol, cuando vuelve a superarla.
La hoja de cálculo de la FAO para el bulbo húmedo trabaja con el punto de rocío, y el método compara su resultado con la temperatura del aire medida a barlovento del cultivo protegido. Para seguirlo hace falta medir también la humedad del aire, no solo la temperatura, y tener un punto de medición fuera de la zona regada.
5. El umbral es una guía y la alarma tiene que avisar a tiempo
La FAO advierte de que las temperaturas críticas de frutales y viñedo cambian con el estado fenológico, que a menudo se obtienen con ramas cortadas en una cámara fría y que, en la práctica, deben usarse solo como orientación. Una tabla de temperaturas críticas sirve para fijar un umbral de partida, no para trasladarlo sin más de un cultivo, una variedad o una fase a otra.
De ahí se deducen dos detalles de configuración. Si el daño se asocia a media hora por debajo de la temperatura crítica, un intervalo de registro de una hora no permite saber si esa media hora se cumplió. Y la alarma tiene que llegar con tiempo para poner en marcha la protección antes del daño: la FAO la cuenta entre lo esencial y describe desde alarmas con el sensor en una garita junto a la casa hasta sistemas que llaman por teléfono o transmiten por radio desde una estación remota.
Lista de verificación antes de la primera helada
- Altura: sensor a la altura más baja que quiere proteger.
- Protector: sin exposición al cielo y fuera del alcance directo de calefactores u otros métodos de protección.
- Puntos: al menos uno en la zona más baja de la parcela y otro de referencia; la estación más cercana no sustituye esa red.
- Variable: si protege con agua, temperatura y humedad, con un punto a barlovento de la zona regada.
- Umbral e intervalo: umbral de partida según cultivo y fase, con margen, intervalo de registro menor de 30 minutos y una alarma que avise a tiempo.
Límites
- Esta guía no da temperaturas críticas: dependen del cultivo, la variedad y la fase, y la FAO las presenta como orientación.
- El estudio de Voivodina es de una región llana, con frutales y estaciones de una red concreta, y sus autores reconocen datos que faltan y poca cobertura espacial; las diferencias de 2,5 y 5 °C no se trasladan a otra parcela.
- Los ±4 °C del meristemo vienen de una revisión, no de una medición en su cultivo, y no son una corrección que se pueda aplicar al dato del protector.
- Lo dicho sobre las zonas bajas vale, según la FAO, para noches despejadas y con viento débil.
Referencias
- Snyder, R. L. y de Melo-Abreu, J. P. (2005). Frost Protection: Fundamentals, Practice, and Economics. Volume 1. FAO Environment and Natural Resources Series 10. Roma: FAO. Índice, capítulo 2 y capítulo 5. Consultado el 19/10/2026.
- Firanj Sremac, A., Lalic, B., Cuxart, J. y Marcic, M. (2021). Maximum, Minimum, and Daily Air Temperature Range in Orchards: What Do Observations Reveal? Atmosphere, 12(10), 1279. DOI: 10.3390/atmos12101279. Texto completo. Consultado el 19/10/2026.
- Charrier, G., Ngao, J., Saudreau, M. y Améglio, T. (2015). Effects of environmental factors and management practices on microclimate, winter physiology, and frost resistance in trees. Frontiers in Plant Science, 6. DOI: 10.3389/fpls.2015.00259. Texto completo. Consultado el 19/10/2026.
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El registrador HOBO MX2303 lleva dos sensores de temperatura externos con 2 m de cable en un mismo equipo, lo que permite comparar dos alturas o dos puntos cercanos durante las primeras noches frías; su ficha declara una exactitud de ±0,25 °C entre -40 y 0 °C, un intervalo de registro de 1 s a 18 h, alarmas visuales en el propio registrador y descarga por Bluetooth a unos 30 m. Para seguir la temperatura a distancia, el sensor inalámbrico de temperatura RXW-TMB-868, con 5 m de cable, envía los datos a una estación central de la misma red y se consultan por internet. Quedan por dimensionar los protectores de radiación de cada sonda, los puntos de la parcela, la estación central y el aviso a distancia y, si protege con agua, la medición de humedad.
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